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Aretha Franklin, un estilo único

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En Detroit, rodeada de sus amigos y a los 76 años ha fallecido este jueves 16 de agosto una de las voces más personales de la música, Aretha Franklin, la eterna intérprete del ‘I say a little prayer for you’ y una de esas mujeres que simbolizaron el salto de gigante de la América afroamericana. ‘Spanish Harlem’, ‘Respect’, ‘Natural Woman’ hicieron interminable su lista de éxitos.

 

 

Un icono de la música soul, pero también del gospel y del rock and roll. Pianista y compositora, su leyenda va más allá de la voz.

 

 

Los éxitos musicales son innumerables. También la enormidad de su voz, capaz de alumbrar soul, rock o góspel o su estilo en el vestir, que definió una época. Aretha fue una de las primeras en apostar por las minifaldas y los vestidos de cuentas en los convulsos 60. También por esas rayas en modelos plisados, que ensalzaban su figura curvilínea.

 

 

 

 

Aretha, en el universo de la moda, será recordada por llevar como nadie el vestido túnica, aunque sus primeros estilismos en la década de los 60 se ajustaban a los cánones imperantes en la moda. Se la podía ver luciendo un vestido ajustado que enmarcaba su cintura de avispa. Silueta lápiz y abertura en la falda, con zapatos a juego (entonces las combinaciones de colores no estaban permitidas), y ella, que aún empezaba, no quería salirse de lo establecido. Será por poco tiempo.

 

 

 

 

 

 

Al año siguiente, 1965, empezamos a ver aflorar su personalidad con vestidos-kaftán plagados de perlas y con mangas de campana. Sería el inicio de sus vestidos túnica, cada vez con aires más bohemios, como el rojo y dorado con el que recogió su Grammy por ‘Don’t Play That Song’ en 1970, el quinto en su carrera. El rojo, el dorado, incluso la cabeza cubierta para marcar su presencia en el escenario serían ya sus señas de identidad, de la época disco.

 

 

Los 80 estuvieron plagados de vestidos en los que su figura ocupaba el escenario, tanto en piezas con silueta columna y lentejuelas como con grandes túnicas, con bordados de pedrería o con plumas, hasta que en la década de los 90, contando con la colaboración de diseñadores como Arnold Scaasi, se la pudo ver con chaquetas estampadas (con motivos de leopardo y cabra) o exagerados abrigos de piel, que fueron derivando en chaquetas oversize.

 

 

 

 

Empezó a convertirse al ‘animal print‘ y son muchas las apariciones públicas en las que se le veía recurrir a este estampado en abrigos, faldas, camisas o incluso trajes pantalón. Al mismo tiempo que su figura ganaba en rotundidad, apostó por el estilo góspel, trajes como el de los Premios de la Música de 1983, de lentejuelas sin tirantes, elaborado con tela de color negro con ribetes blancos.

 

 

Su media melena cardada de los años 60, muy a la moda, acabó dando paso a uno pelo corto rizado, signos ya de la enfermedad y de los tratamientos a los que estaba siendo sometida.

 

 

 

 

 

Al igual que su música se engrandecía, lo hizo su estilo y una elegancia más clásica empezó a introducirse en su armario. No dudó en enfundarse en un abrigo de invierno y un gorro (una pieza a la que no casi nunca había recurrido), para cantar en la ceremonia de investidura del Presidente Obama en Washington en 2009 y, casi, robarle el protagonismo al histórico presidentes estadounidense.

 

 

 

El blanco fue uno de sus colores favoritos, porque sabían que le imprimía elegancia y en sus últimos años recurría a él para sus actuaciones como la del 25 aniversario de la Fundación contra el SIDA de Elton John que se celebró en noviembre de 2017 en Nueva York.

 

 

 

 

 

Nadie habría dicho que Aretha iba a ser una influencia fashion, además de dejar su impronta en la música, pero cierto es que, aquella madre de cuatro hijos que creció bajo la sombra de un predicador (su padre), fue guía y patrón para muchas mujeres que aprendieron que no hay una única forma de tener estilo.

 

 

Fuente: elmundo.es/vanitatis